16 octubre, 2006

La antipsiquiatría *




“Me llamaron loco y yo los llamé locos. Y maldita sea, me ganaron por mayoría de votos.”
Nathaniel Lee, al ser enviado a una institución mental en el siglo XVII.

En 1950 hizo su aparición la clorpromazina, el primer medicamento antipsicótico. Su influencia sobre la psiquiatría durante las próximas décadas fue enorme, al posibilitar lo que unos años antes había sido impensable: el tratamiento ambulatorio de la esquizofrenia. La psiquiatría ya no sería entonces sinónimo de reclusión vitalicia y aislamiento social obligatorio. Sin embargo, cuando la psiquiatría daba el gran salto que la llevaba a integrarse con todo derecho al resto de la medicina, surgió un movimiento que la cuestionaría desde sus mismos cimientos. Un movimiento heterogéneo y de propuestas a veces hasta contradictorias, que se amoldó perfectamente con el espíritu rebelde y contestatario de la década de 1960, y que recibió el nombre -no aceptado por todos sus exponentes- de antipsiquiatría.



Antecedentes

En 1947, Marguerite A. Sechehaye publicó Diario de una esquizofrénica, en donde relata la experiencia vivida por la esquizofrénica Renée y plantea un cambio en la relación médico paciente. Poco difundida en su tiempo, la obra de Sechehaye alcanzó mayor reconocimiento dos décadas después.

En 1961, Erwing Goffman publicó Asilos. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales, libro en el cual describió a los hospitales psiquiátricos como instituciones totales (al igual que las cárceles y los cuarteles), por el aislamiento y reglamentación a los que están sometidos sus residentes. Otra obra suya es Estigma - La identidad determinada (1963), en donde estudió el estigma de la enfermedad mental en todas sus facetas.


Szasz

El mito

En 1960, Thomas Szasz publicó El mito de la enfermedad mental, obra considerada como el acta fundadora de la antipsiquiatría (aunque el autor nunca se consideró antipsiquiatra), y en la cual parte de un extenso análisis de la histeria para cuestionar toda la nosología psiquiátrica imperante, concibiendo las supuestas enfermedades mentales más bien como modalidades de comunicación, un “protolenguaje” que en vez de recurrir a símbolos verbales emplea signos icónicos, como el sueño y las fantasías. Plantea además que los psiquiatras no se enfrentan con patologías verdaderas sino con dilemas éticos, sociales y personales.

“Es corriente definir la psiquiatría como una especialidad médica dedicada al estudio, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales. Esta definición es inútil y engañosa. La enfermedad mental es un mito. Los psiquiatras no se ocupan de las enfermedades mentales y de su terapia. En la práctica enfrentan problemas vitales de orden social, ético y personal.” (Szasz T. El mito de la enfermedad mental).

En 1960 apareció El yo dividido, de Ronald D. Laing, una de las figuras representativas de la antipsiquiatría. En esta obra, con clara influencia fenomenológica existencialista, pero que no rompe por completo con la psicopatología tradicional, el autor resalta la importancia de las relaciones familiares en el inicio y evolución de los síntomas psicóticos.

Posteriormente, en El yo y los otros (1961), Laing desarrolla más extensamente su teoría de la influencia familiar, postulando el concepto de doble lazo, situación en la cual la víctima se ve sometida a mensajes contradictorios simultáneos, uno a nivel explícito y el otro a nivel abstracto, que la llevan a adoptar conductas incomprensibles para los demás y que terminan siendo rotuladas como “esquizofrénicas”. La esquizofrenia es pues, para Laing, no una enfermedad de origen desconocido, sino una reacción ante circunstancias sociales. Por otro lado, el lenguaje esquizofrénico deja de ser incomprensible, pues detrás de cada manifestación psicótica existe un intento de comunicación, un grito de alarma, que debe hacerse inteligible.

“Nuestra percepción de la ‘realidad’ es el logro perfectamente consumado de nuestra civilización. ¡Percibir la realidad! ¿Cuándo habrán dejado los hombres de creer que lo que percibían era irreal? Tal vez la creencia y la idea de que lo que percibimos es real sea muy reciente en la historia del hombre.” (Laing RD. El yo y los otros).

Entre 1962 y 1966, David G. Cooper estableció una unidad autónoma –el “Pabellón 21”- dentro de un gran hospital psiquiátrico londinense. En esta unidad, que se inspiró inicialmente en las comunidades terapéuticas de Maxwell Jones, se buscó cambiar el rol tradicional de médicos y pacientes, e investigar la interacción familiar y grupal en la esquizofrenia. Progresivamente, las reglas y las diferencias entre el personal y los enfermos se fueron disolviendo hasta casi desaparecer. Al evaluar los resultados del experimento, los 42 pacientes del Pabellón 21 pudieron salir de alta antes de un año (3 meses en promedio), sin haberse utilizado choque insulínico, electrochoque o dosis altas de medicamentos; un año después sólo el 17% fue reinternado, siendo una cifra menor que la de los tratamientos habituales en ese entonces.

Cooper volcó sus experiencias del “Pabellón 21” en su libro Psiquiatría y antipsiquiatría (1967), con el cual se institucionalizó oficialmente el movimiento antipsiquiátrico. En esta obra el autor denuncia el proceso de “invalidación” que la sociedad impone a algunos de sus miembros mediante el rótulo de “esquizofrénicos”, víctimas de la violencia (entendida en su sentido más amplio y no únicamente como violencia física) que sobre ellos ejercen los “sanos” con la “complicidad” de los psiquiatras, violencia que alcanza su máxima expresión en el internamiento manicomial. Como Laing, Cooper culpa en primer lugar a la familia y al “doble vínculo”, por el proceso que lleva al futuro esquizofrénico a sumirse en una situación insostenible.

“La esquizofrenia es una situación de crisis microsocial en la cual los actos y la experiencia de cierta persona son invalidados por otros, en virtud de razones culturales y microculturales (por lo general familiares) inteligibles, hasta el punto de que aquélla es elegida e identificada de algún modo como “enfermo mental”, y su identidad de “paciente esquizofrénico” es luego confirmada (por un proceso de rotulación estipulado pero altamente arbitrario) por agentes médicos o cuasi médicos.” (Cooper DG. Psiquiatría y antipsiquiatría).


Kingsley Hall

Kingsley Hall

En 1965, Laing, Cooper y Aaron Esterson fundaron la Philadelphia Association, que tuvo como objetivo crear centros para dar acogida a personas con enfermedades mentales. Se abrieron tres “hogares” de este tipo, el más célebre de los cuales fue Kingsley Hall, que funcionó entre 1965 y 1970 en un antiguo edificio de Londres.

En Kingsley Hall no existían reglas de ningún tipo, los residentes hacían lo que querían, médicos y pacientes convivían en condiciones de igualdad absoluta, y los supuestos enfermos podían llevar a cabo su “viaje regresivo” para ubicarse luego en un mundo más “auténtico”. La paciente más famosa del centro fue Mary Barnes, quien junto a Joseph Berke, publicó sus memorias bajo el título Mary Barnes. Viaje a través de la locura, en donde paciente y psiquiatra narran la experiencia psicótica fuera del marco psiquiátrico convencional.La autora se hizo famosa también por sus pinturas, realizadas inicialmente con sus propios excrementos.

“Además, las experiencias por las que pasa la persona denominada esquizofrénica, que comúnmente se incluyen bajo el nombre genérico de ‘psicosis’, no son en absoluto ininteligibles, es decir, una locura. Simplemente ocurren en un orden diferente de realidad, como cuando uno sueña despierto. La invalidación social de tales experiencias, al llamarlas ‘enfermedad’ o ‘locura’, es una maniobra básica interpersonal entre las gentes de la cultura occidental, donde los sueños y los estados parecidos al sueño no se consideran un vehículo válido para comunicar la realidad, por mucha verdad que expresen.” (Barnes M, Berke J. Viaje a través de la locura).


Cooper

Antisociedad

En 1971, Cooper publicó La muerte de la familia, en la cual critica duramente a la institución familiar, considerándola fracasada y heredera de la sociedad esclavista y de la sociedad feudal, proponiendo su completa desaparición. Cooper además preconiza la superación de todos los prejuicios que impone la sociedad actual, defiende la libertad absoluta, para la cual no duda en sugerir el uso de drogas alucinógenas con el objeto de intensificar las posibilidades. Posteriormente, en La gramática de la vida (1974) postula la aceptación del riesgo, que representa la desobediencia a los imperativos ajenos, considerando la vida “normal” de nuestra sociedad como “una aburrida distracción hacia la muerte”.

“Las personas, desde luego, son cerdos. Desde luego también, las instituciones humanas son chiqueros, o factorías, o mataderos de cerdos. (...) Los cerdos a menudo destruyen su prole, pero también nosotros lo hacemos con nuestros métodos humanoides más tortuosos. (...) La pareja parental convencional de la burguesía es a la vez el supercerdo ambisexual y una masiva factoría de tocino. (...) Podemos estar seguros de que no es casual el apelativo de “cerdos” que los jóvenes revolucionarios estadounidenses dedican a la policía y sus colaboradores, psiquiatras, y falsas autoridades en general.” (Cooper D. La muerte de la familia).


Basaglia

El cierre de los manicomios

En 1968, Franco Basaglia publicó La institución negada, en donde narra su experiencia como Director del Hospital de Gorizia (1961-1969), lugar en el que aplicó sus ideas dirigidas a la transformación del manicomio tradicional, y postuló la desaparición de todo tipo de institución psiquiátrica, así fuese una comunidad terapéutica. Los seguidores de Basaglia fundaron en la década de 1970 la asociación Psichiatria Democratica. El epílogo de la aventura antipsiquiátrica en Italia fue el cierre de los hospitales psiquiátricos luego de promulgarse la ley 180 en 1978.



La decepción

“Desde 1970, la fiebre descendió. Los movimientos antipsiquiátricos no consiguieron implantarse de manera duradera, ni en los Estados Unidos ni en Inglaterra o Italia. La fiebre liberadora o revolucionaria chocó no sólo con los medios conservadores, sino quizá más aún con la inercia del núcleo duro de la psicosis.” (Trillat E. Una historia de la psiquiatría en el siglo XX).

En 1979, Szasz publicó Esquizofrenia: el símbolo sagrado de la psiquiatría, en el cual descalifica todas las propuestas históricas de considerar a la esquizofrenia como una enfermedad, esgrimiendo como argumento principal la reiterativa falla en encontrar algún tipo de alteración orgánica demostrable en los supuestos esquizofrénicos, mencionando como paradigma de una enfermedad real -en contraposición a la enfermedad falsa que es para él la esquizofrenia- a la neurosífilis, de etiología claramente identificada. En dicho libro, Szasz toma distancia de la antipsiquiatría de Laing, Cooper y Esterson, a quienes critica duramente por la contradicción que para él representa el negar la esquizofrenia como patología y al mismo tiempo proponerle terapias (como Kingsley Hall) y causas (basadas en teorías sociales).

“Esto es, brevemente, el por qué yo considero a Kraepelin, Bleuler y Freud los conquistadores y colonizadores de la mente del hombre. La sociedad, su sociedad, quería que ellos extendieran las fronteras de la medicina por encima de la ley y la moral y así lo hicieron; quería que ellos extendieran las fronteras de la enfermedad del cuerpo al comportamiento, y de esta manera lo hicieron; quería que ellos disfrazaran el conflicto como psicopatología y el confinamiento como terapia psiquiátrica, y de esta manera lo hicieron.” (Szasz T. Esquizofrenia: el símbolo sagrado de la psiquiatría).

“Los psiquiatras y los antipsiquiatras son simplistas por igual en sus imágenes causales y sus estrategias de remedio. Según el punto de vista psiquiátrico, la investigación médica hará que todos estemos sanos. Según el punto de vista antipsiquiátrico, el permitir que personas incompetentes, destructivas y autodestructivas, se revuelquen en su propio autodesprecio y su desprecio por los otros, será suficiente para guiarlos con seguridad a través de su viaje por los Alpes de la alienación, después del cual llegarán a la limpia y pulcra ciudad suiza y vivirán felices para siempre. Tales son las promesas de los propagandistas, de la investigación psiquiátrica por una parte, y de los retiros antipsiquiátricos por la otra.” (Szasz T. Esquizofrenia: el símbolo sagrado de la psiquiatría).

“Como todo movimiento de contracultura, (la antipsiquiatría) pasó como una ráfaga, vivificante y destructiva al mismo tiempo. De ella no quedan hoy sino algunos rastros en la psiquiatría social y comunitaria, así como en las múltiples alternativas paramédicas de la psiquiatría (homeopatía, expresión corporal, acupuntura, quiropraxia, grupos de encuentro, etc.). Sirvió, además, para que los médicos se interesaran cada vez más a fondo en el proceso psicoterapéutico. La antipsiquiatría fue –pues ya es cosa del pasado- como un intento más de encontrar la razón de la sinrazón, pero esta vez procediendo a la inversa, tratando de poner las cosas patas arriba y ver qué tal funcionan así. En la oscilación pendular de la historia, la antipsiquiatría se identifica como una reacción romántica frente a una sociedad tecnocrática en donde al hombre le resulta difícil individuarse adecuadamente.” (Vidal G. La antipsiquiatría).


Bibliografía

  • Barnes M, Berke J. Viaje a través de la locura. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, 1974.
  • Coalición de Antipsiquiatría. http://www.antipsychiatry.org/espanol.htm.
  • Cooper D. Psiquiatría y antipsiquiatría. Buenos Aires: Locus Hypocampus, 1967.
  • Cooper D. La muerte de la familia. Buenos Aires: Editorial Paidos, 1971.
  • Foucault M. Historia de la locura en la época clásica. México: Fondo de Cultura Económica, 1998.
  • Il nido del cuculo. Gli orrori della psichiatria. http://www.club.it/cuculo/.
  • Laing RD. El yo dividido. Un estudio sobre la salud y la enfermedad. México: Fondo de Cultura Económica, 1999.
  • Laing RD. El yo y los otros. México: Fondo de Cultura Económica, 2000.
  • Salvat Editores. Psiquiatría y antipsiquiatría. Barcelona, 1973.
  • Szasz T. El mito de la enfermedad mental. Barcelona: Círculo de Lectores, 1999.
  • Szasz T. Esquizofrenia: el símbolo sagrado de la psiquiatría. México: Premiá Editora, 1990.
  • Trillat E. Una historia de la psiquiatría en el siglo XX. En: Postel J, Quetel C (ed). Nueva historia de la psiquiatría. México: Fondo de Cultura Económica, 2000: 340-5.
  • Vidal G. La antipsiquiatría. En: Vidal G, Alarcón R. Psiquiatría. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana, 1988: 59-60.

* Presentado en la Asociación de Psicopatología y Psicoterapia Médica (Perú), 2003.